¿Qué es?
¡Acepta el reto! es un almacén y juez en línea de problemas de programación en español que acepta soluciones en C, C++ y Java.
No es un mero listado de problemas, sino mucho más. ¡Es un corrector automático!
Si quieres poner a prueba tu habilidad programando y compararla con la de otros, ¡éste es tu sitio!
¿Por dónde empiezo?
Si no conoces este tipo de jueces, te ayudamos a resolver el primer problema para que entiendas la dinámica del uso y no cometas los errores más comunes.
Luego puedes resolver algún otro de los múltiples problemas disponibles. Si no sabes por cuál empezar, puedes recorrer las diferentes categorías o mirar el problema de la semana que te proponemos abajo. También puedes mirar lo que otros usuarios están resolviendo.
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Problema de la semana
Ordenando ramales
Hoy en día damos por hecho que, salvo excepciones, las carreteras son vías de comunicación abiertas al público general de forma que cualquiera puede utilizarlas. También damos por hecho que las vías de tren son justo lo contrario: están bajo el control de entidades públicas o privadas que las gestionan y por ellas solo pueden ir los trenes autorizados.
Sorprendentemente esto no siempre ha sido así. A principios del siglo XIX, cuando el transporte por tren era aún anecdótico, algunos ferrocarriles (entendiendo estos por exactamente eso: los carriles de hierro, es decir, las vías) permitían que cualquiera que tuviera un vehículo compatible con ellos pudiera utilizarlo tras el pago de algún peaje. De forma parecida a lo que ocurre hoy día con ciertas carreteras de peaje en las que el precio a pagar depende del tipo de vehículo, el precio del peaje de aquellas vías dependía del número de toneladas y millas recorridas (pues el trayecto podía ir desde cualquier punto a cualquier otro en el que el conductor pudiera poner y quitar su vagoneta) e incluso de las materias transportadas: no era lo mismo transportar estiércol que carbón o cerdos.
Pero las curiosidades no acaban ahí, como se descubre al leer la autorización que el parlamento inglés redactó en 1821 para la construcción del ferrocarril de Stockton y Darlington:
"Los propietarios de tierras a una distancia de hasta cinco millas de la línea podrán crear ramales y formar cruces, y tendrán también la libertad de crear muelles o apartaderos junto a la vía para cargar y descargar bienes en ellos". El resultado era que cuando un tren hacía el trayecto original se iba encontrando a los lados vías secundarias de distintos dueños.