¿Qué es?
¡Acepta el reto! es un almacén y juez en línea de problemas de programación en español que acepta soluciones en C, C++ y Java.
No es un mero listado de problemas, sino mucho más. ¡Es un corrector automático!
Si quieres poner a prueba tu habilidad programando y compararla con la de otros, ¡éste es tu sitio!
¿Por dónde empiezo?
Si no conoces este tipo de jueces, te ayudamos a resolver el primer problema para que entiendas la dinámica del uso y no cometas los errores más comunes.
Luego puedes resolver algún otro de los múltiples problemas disponibles. Si no sabes por cuál empezar, puedes recorrer las diferentes categorías o mirar el problema de la semana que te proponemos abajo. También puedes mirar lo que otros usuarios están resolviendo.
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Problema de la semana
El conteo de la rosa
Estando ya al final de mi vida de pecador, esperando que mi enfermo y pesado cuerpo libere mi alma para poder enfrentarme al Príncipe de los Apóstoles, vienen a mi memoria lejanos recuerdos que aún conservo pese a que, al mismo tiempo, no me sea posible, cual hechizo del Anticristo, recordar lo que desayuné tras mis rezos de Maitines.
Siendo apenas un novicio, desconocedor de la Santa y férrea disciplina del monasterio, me enfrenté con el abad, cuyo nombre prefiero ahora cubrir con un piadoso manto de silencio, por lo que mi joven entendimiento consideró una afrenta del bibliotecario mayor. Éste nos encargó a Adso, otro novicio que a la par llegaría a ser sabio franciscano, y a mí que numeráramos las 200 páginas de una nueva edición de la Poética de Aristóteles que varios monjes habían estado copiando durante meses atrás. El bibliotecario, que Dios tenga en Su Gloria, le asignó a Adso la numeración de las 100 primeras páginas del manuscrito, de la 1 a la 100, mientras que a mí me fueron asignadas las 100 siguientes, de la 101 a la 200. Yo, que había oído preocupantes rumores sobre una maldición que mataba a todo aquél que se acercaba a ese libro, caí en la cuenta de que me vería obligado a transcribir muchos más dígitos, que no páginas, que mi compañero de celda, razón que me llevó a mi enfrentamiento con el abad.
Éste, que consideró una mera lujuria del conocimiento que me hubiera planteado ni siquiera semejante hecho, me forzó a rezar en Laudes, Tercia y Vísperas durante todo un año el Salmo 30 para pedir protección contra las injusticias. Aun así, algo debió ver en mis ojos brillantes de muchacho, que concedió darme la bula de su castigo si le decía hasta qué página debía numerar Adso, y a partir de cuál debía numerar yo para que el reparto fuera justo, de forma que si Adso numerara una página más ya tendría que escribir más dígitos que yo.
En el pecado llevé mi penitencia, porque me tembló el entendimiento y ni siquiera hoy el Señor me ha concedido la gracia de descubrir la respuesta.